LO SUBLIME QUE ATERRA, FRENTE A LA TORPE BELLEZA
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En la primavera de 2017, un Número extraordinario de la Revista de Filosofía, fue consagrado a los Anti Lumières. Anti Siglo de las Luces.
Y no es que sean mi tacita de té con bergamota: Barrès, Baudelaire, Chataubriand, Heidegger, Nietzche, Sade. Gente que no creyó, ni en Dios ni en Santa María. Ni en el progreso. Desprecio absoluto por la democracia y todo el tralala de sus malditas “constituciones”, decretadas para adorar a “nuevos reyezuelos”, sin alas, pero con sus rojas bocotas bien abiertas.
¡Están de regreso!
Y te pareces a la palabra melancolía.
Algo de eso se mezcla a la mirada de hoy .- Para no tomarle prestadas las evidencias de referencia a Tristán García, busqué en mis archivos.
García es colaborador del Número citado. Doctor en filosofía. Escritor y filósofo. Investigador en la Universidad de Picardía, Julio Verne-.
Comenta la obra del filósofo Edmund Burke, cuando en 1757 remueve el piso del pensamiento estético, anterior a Kant. Y por supuesto, muy alejado de mi maestro, Mikel Dufrenne (Paris IX-Nanterre).
Los grandes profetas del siglo de las Luces, no pudieron entrar en la inmensa oscuridad oculta, como la otra cara de una moneda, en aquello que subyuga y sobre pasa todo esfuerzo humano.
Esa especie de refinado aburrimiento – aplicable a la vejez - que suscita la contemplación de lo bello.
Más lo contemplo, más aumenta el sentimiento de mi pequeñez y disminución ante la propia vida.
“Lo bello está en lo pequeño”.
Llegados a la estética de lo sublime, Burke – el anti Kant- verá “una pérdida trágica - los payasitos y sus bocotas la cantan - .
Una fragilidad propia a la subjetividad razonante que caracteriza la Edad Moderna.”
El hecho mismo de hacer de lo sublime un mecanismo para “ la bella durmiente “, es humillante a la naturaleza humana. Peor todavía, la exigencia de brevedad en el tiempo, que impone.
Además de humillante es cruel, elevar nuestros conocimientos para ver la luz, cuando entre bastidores permanece intocable la espesura del manto de la más brutal oscuridad.
Tristán Garcia, muy correctamente describe el tinglado del “horror de lo sublime y la torpeza de lo bello” entre modernos y anti modernos en una guerra declarada al arte y a sus raìces populares, progresistas. Para ponerlo en esos términos.
Y el progreso se detuvo
El 2 de julio de 1975, Panarte – Instituto Panameño de Arte - acogía una muestra itinerante en algunos países, cuidadosamente seleccionados en América latina, de la Exposición patrocinada por la tabacalera Malboro. Argentina, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, México, Colombia, Ecuador y finalmente, Panarte.
Grabadores Latinoamericanos, se promovió con la intención de dar a conocer una especie de “quiebre de tutela” del arte latinoamericano, en una de sus expresiones más rancias con respecto a lo europeo. Hablamos del grabado.
La doble intención apuntaba a consolidar una base popular – no precisamente populista – que dijera al mismo tiempo, quiénes eran. Esos nosotros/ latinoamericanos/.
José Luis Cuevas, Santos Chávez, Rodolfo Abularach. Dos dibujos de Julio Zachrisson, Homenaje a la polución y Feria del Caribe.
No dudé en afirmar que, a pesar de toda la polémica pro o anti europea – luces y sombras- ni el arte latinoamericano y menos la filosofia, son ajenos a dar testimonio de las fuerzas culturales que los impulsa. Progreso/ desarrollo son nada, sin el motor de la cultura.
Que hayan fragmentos europeos en lo latinoamericano, sería absurdo negarlo.
Otra historia es medir el “crecimiento económico” como una impostura del desarrollo: negacionista , excluyente y discriminatorio e insostenible.
Al meternos en la expresión de un progreso: “si se trata de especular, indudablemente hay que elegir, pero si lo que tenemos como muro es el gusto, entonces que decida el deseo.”


Voz de la Academia de Filosofía de Panamá.